Dordrecht, la ciudad más antigua de Holanda


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Un puré de manzanas con canela se expande hacia los lados de mi cuchara preparándome para saborear un pastel decorado con frutos secos. Humeante, mi taza de café con leche espera su turno sobre una mesa de madera engalanada con flores multicolores. Si levanto la vista del plato veo pasar una antigua y elegante embarcación que aprovecha los destellos de un sol brillante para desfilar por el río calmo. Estoy en Dordrecht, la ciudad más antigua de Holanda.

Fundada en el año 1008, Dordrecht fue residencia de los Condes de Holanda y se encontraba toda amurallada, desde el siglo XIX ya no queda nada de aquella división que protegía a la ciudad de posibles ataques. El centro de la ciudad se encuentra en una isla, y se ve casi como una miniatura de Amsterdam, a partir de los canales semicirculares triples que encierra el casco antiguo.dordrecht_church

Una de sus más importantes edificaciones es la Iglesia de Nuestra Señora, cuya construcción se inició en el año 1077 y luego de varias modificaciones fue concluida en el siglo XIV. El proyecto original constaba de una torre de 125 metros que no pudo ser construida en su totalidad, ya que el terreno no era capaz de soportar tanto peso, motivo por el cual la torre mide 75 metros de altura y se encuentra visiblemente inclinada. La experiencia de subir a pie y por una estrecha escalera a lo más alto del campanario fue gratificante, ya que las vistas de la ciudad son exquisitas.

Dordrecht no posee universidades, motivo por el cual los estudiantes emigran a otras ciudades y es difícil encontrar público joven por aquí. Los turistas son, en su mayoría, parejas adultas. Durante la semana las calles son muy silenciosas y no se ven grupos de personas caminando. Aquí todos usan bicicleta para trasladarse del trabajo a sus casas. Los fines de semana hay ferias de comida en el centro donde los vecinos se reúnen a degustar diferentes tipos de pescados fritos. También venden antigüedades al costado de la iglesia central. Si el día está soleado todos salen a las calles ya que es algo bastante poco frecuente por aquí. Yo he tenido suerte, desde que llegué a Holanda el sol fue mi fiel compañero.
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Otra de las experiencias maravillosas que ofrece estar aquí es poder visitar los famosos molinos holandeses. A solo una hora en tren desde Dordrecht se encuentra el pueblo de Kinderdijk y sus 19 molinos patrimonio de la UNESCO que antiguamente se utilizaban para drenar el agua y formar polders. Una visita obligada para los amantes de la naturaleza, en un día soleado la escena es fantástica.

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Hoy dejo este maravilloso país para continuar mi viaje, próxima estación: Berlín.

 

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Una argentina viviendo en Barcelona. Fotógrafa de moda amante de reciclarlo todo, soñadora. Amo viajar, los choques culturales son mi hobbie favorito. Soy del mundo. Bienvenidos a mi universo donde todo lo hago con pasión.

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